Por: NN Nieva
Saber de economía no es algo exclusivo de expertos en finanzas y ejecutivos bancarios; es una herramienta que nos sirve a todos en el día a día.
Imagina que la economía de un país es como el clima, este no puedes controlarlo, pero si ves el cielo nublado, sabes que debes guardar la ropa del tendedero.
Con el dinero pasa exactamente lo mismo
Cuando entiendes qué es la inflación, dejas de confundirte y comprendes por qué tu sueldo rinde menos cada mes, lo que te ayuda a planear mejor los gastos de la casa.
Si sabes cómo funcionan las tasas de interés, puedes decidir con calma si te conviene pedir un crédito, invertir o si es mejor ahorrar.
Y si comprendes por qué sube el dólar, ya no te tomará por sorpresa cuando se encarezca la gasolina o el transporte.
También te ayuda a no caer en engaños
¿Te ha pasado que en las noticias presumen que «la economía va muy bien», pero en la tienda sientes que todo está carísimo?
Si conoces lo básico, puedes distinguir si ese crecimiento es real o solo algo temporal, también te puedes dar cuenta si los logros del gobierno son mérito propio o si se deben a factores externos, como la llegada de empresas extranjeras o la subida del petróleo.
Saber de economía te vuelve un ciudadano más exigente
Cuando entiendes cómo funciona la deuda pública, sabes que, si el gobierno gasta más de lo que tiene, esa cuenta la pagaremos todos con nuestros impuestos o con la pérdida de servicios.
No es un número abstracto, es dinero que sale de tu bolsa, entender esto te permite votar y exigir cuentas con base en hechos, no en discursos bonitos.
Es como leer las etiquetas del supermercado, para ello no necesitas ser nutricionista, pero te ayuda a elegir lo que más te conviene.
La economía mexicana es una casa de cimientos firmes
Ahora que tenemos claro por qué nos conviene estar atentos, echemos un vistazo a cómo está la economía mexicana hoy.
Imagina que México es una casa, si revisas los cimientos, están firmes, no hay goteras en el techo, la estructura aguanta y los pilares se ven sólidos.
Pero si entras a las habitaciones, notas que los muebles son los mismos de hace años, los pisos están desgastados y algunas paredes necesitan pintura.
La casa no se va a caer, pero tampoco se ha logrado remodelar
Esta es la radiografía de los primeros dos años del gobierno de Claudia Sheinbaum
Mientras que países como Argentina, Brasil o Estados Unidos se endeudaron hasta el cuello para tapar sus goteras y mejorar un poco los cimientos de su casa, la administración mexicana decidió no gastar más de lo que tiene; es decir, no infló la tarjeta de crédito del país.
A esta disciplina fiscal se le suma un escudo financiero que pocos países tienen y ese escudo es la entrada constante de dólares que llegan a reforzar la estructura sin generar deudas nuevas.
Las remesas el escudo mexicano
En este 2026, la economía mexicana se sostiene sobre dos grandes motores de captación de divisas (moneda extranjera distinta a la oficial de un país) y son las remesas y el nearshoring.
Por un lado, el dinero «remitido» (remesas) desde el extranjero supera los 63 mil millones de dólares anuales, posicionando a México como el segundo receptor mundial, únicamente por detrás de India tal como lo informa el Banco Mundial.
La remesa es como si un hijo, un hermano o un primo se fue a trabajar como ayudante de albañil en Chicago y, cada quince días, te manda 400 dólares por medio de una aplicación en el celular, este dinero te llega sin que lo pidas, sin que firmes nada, solo porque te quiere ayudar
Con él, pagas la luz, compras la despensa del mes, medicinas y la colegiaturas.
Para ti, esos 400 dólares no son una «divisa extranjera» son la diferencia entre comer frijoles solos o comer frijoles con arroz y tortillas, entre pagar el recibo de la luz a tiempo o que te la corten.

Ahora multiplica esta historia por millones
En México, hay millones de parientes enviando dinero a sus familias a varios estados de la republica, así se entiende por qué el país recibe más de 63 mil millones de dólares al año según datos del Banco de México (Banxico) no es una cifra fría de una gráfica, sino la suma de millones de transferencias pequeñas, hechas con sacrificio, que sostienen la economía de pueblos enteros.
Y aquí está la magia del «escudo“ mexicano, este dinero que entra al país en dólares se cambia a pesos mexicanos en las casas de cambio y en los bancos, y con esos pesos las familias compran en la tiendita, pagan al doctor, arreglan el techo.
Es, literalmente, el abrazo a distancia de quienes se fueron para que los que se quedaron puedan vivir un poco mejor.
Por otro lado, el país experimenta un auge sin precedentes gracias al Nearshoring
Esta es una estrategia empresarial que consiste en trasladar procesos de producción o servicios a países cercanos al mercado de destino, y en este año 2026 México es uno de los principales beneficiarios gracias a su proximidad con Estados Unidos, el T-MEC y su mano de obra calificada.
En este contexto, México se ha convertido en el destino favorito para empresas de Asia, Europa y Norteamérica.
De acuerdo con la Secretaría de Economía, este fenómeno ya ha atraído más de 36 mil millones de dólares en inversión y creado 400 mil empleos industriales.
El nearshoring representa la construcción de patrimonio, ya que son dólares productivos que levantan fábricas y pagan impuestos, como si un vecino rico decidiera ampliar tu casa y, de paso, contratara a tus hijos para ayudar en la obra.
A esto se le suma un efecto imán llamado Carry Trade, que, en palabras sencillas, se diría que son los inversionistas extranjeros que piden dinero prestado en países donde las tasas son casi gratis (como Japón o Europa) y lo traen a México porque el Banco de México (Banxico) paga tasas mucho más altas, rondando el 10% u 11%.
A cambio de ganar esa diferencia, inundan al país de dólares, lo que ha mantenido al peso fuerte, alrededor de los 17.50 por dólar.
Es como si tu casa tuviera una tasa de interés tan atractiva que todos los vecinos quisieran dejar su dinero guardado en tu cochera.
Gracias a esto y a la disciplina fiscal, los precios no se han disparado
Para el 2026, la inflación anual se controló en un 3.55%, según el INEGI.
Si el kilo de tortillas costaba 20 pesos el año pasado, hoy ronda los 21, eso se nota en el bolsillo, sí, pero es un aumento ordenado, muy lejos de las crisis donde los precios se duplican de la noche a la mañana.
En términos de la casa podría decirse que la despensa sigue siendo cara, pero al menos no tienes que vender los muebles para llenarla.
En las diferentes habitaciones de la casa no todos viven la misma economía
Hay algo muy importante que las cifras generales no nos dicen, la economía mexicana no se siente igual en todas las habitaciones de la casa.
Es como si el norte fuera una sala recién remodelada, con muebles nuevos y aire acondicionado, mientras que el sur fuera un cuarto trasero que todavía tiene los muebles de hace veinte años.
En el norte y el Bajío, el impacto del nearshoring es palpable
En estados como Nuevo León, Coahuila, Guanajuato o Querétaro, se ven las grúas, las fábricas nuevas y los empleos que llegan.
Ahí la inversión extranjera se traduce en obras, salarios y movimiento.
Esas habitaciones de la casa ya tienen pisos nuevos, ventanas amplias y buena iluminación.
Si caminas hacia la habitación del sur, la historia cambia
En estados como Chiapas, Oaxaca o Guerrero, la economía depende más de los programas sociales y de grandes proyectos gubernamentales como el Tren Maya o la refinería de Dos Bocas.
Estas obras generan empleo temporal y derrama económica, pero no siempre se convierten en desarrollo productivo a largo plazo.
Es como si en esas habitaciones hubieran pintado las paredes y puesto cortinas nuevas, pero los muebles siguen siendo los viejos.
Por eso, cuando alguien dice “la economía creció un 1.1%», hay que preguntarse: ¿en qué habitación creció?
Porque la realidad es muy distinta dependiendo del código postal.
los habitantes de la casa que aún no tienen llave propia
Existe otro dato que explica por qué las buenas noticias macroeconómicas no siempre se sienten en la calle.
Casi la mitad de los habitantes de esta casa no tienen llave propia y a eso le llamamos economía informal.
¿Qué significa esto? Imagina que en tu casa vive mucha gente, pero casi la mitad no tiene cuarto asignado, ni cama fija, ni seguro de que mañana seguirán ahí.
La economía informal es ese universo de personas que trabajan sin estar registradas ante el Seguro Social, sin contratos formales, sin acceso a créditos bancarios y sin prestaciones como vacaciones pagadas o aguinaldo.
Son los comerciantes ambulantes, los taxistas por cuenta propia, los albañiles, las empleadas domésticas, los pequeños negocios familiares que no emiten factura.
Viven en la casa, contribuyen al gasto, pero no tienen las seguridades de los que sí tienen un lugar formal.
Según datos del INEGI, alrededor del 55% de la población ocupada trabaja en la informalidad.
Esto quiere decir que, aunque las cifras oficiales digan que la casa está estable, millones de familias viven al día, sin red de protección.
Si se enferman, no tienen seguro; si quieren pedir un préstamo para un negocio, los bancos no les dan nada; si llega una crisis, son los primeros en caer.
Por eso, cuando se habla de crecimiento económico, hay que recordar que ese beneficio no llega a todos los habitantes de la casa por igual.
La economía formal puede ir bien, pero si la informalidad sigue siendo tan grande, la estabilidad macroeconómica no se traduce en bienestar real para la mayoría.
Es como decir que la casa está en perfectas condiciones porque la sala principal se ve impecable, aunque media familia duerma en el patio.

La tarjeta de crédito de la casa es la deuda pública y gasto social
Otro punto que vale la pena aclarar es el tema de la deuda, cuando se dice que México tiene «disciplina fiscal», no significa que el país no tenga deudas.
Todos los gobiernos del mundo se endeudan, igual que una familia puede tener una hipoteca o un crédito para el coche.
La diferencia está en cómo se maneja esa tarjeta de crédito.
En el caso de México, la deuda pública se mantiene bajo control en relación con el tamaño de la economía el PIB (Producto Interno Bruto) que es el valor total de todos los bienes y servicios finales producidos dentro de un país en un periodo determinado, normalmente un año o un trimestre.
Mientras otros países destinan gran parte de su presupuesto solo a pagar intereses —es decir, viven pagando los intereses de la tarjeta sin poder bajar el saldo—, México ha logrado mantener ese rubro en niveles manejables, debido a que, la tarjeta no está al límite, y eso da tranquilidad.
Gran parte del presupuesto nacional se destina a programas sociales
Esto es algo positivo, porque ayuda a millones de familias, sostiene el consumo interno y evita que la pobreza crezca.
Es como si la familia decidiera gastar buena parte de su sueldo en comida, medicinas y útiles escolares para los hijos y esto es necesario, justo y mantiene a todos de pie.
Sin embargo, también significa que queda menos dinero para invertir en lo que los economistas llaman «infraestructura productiva».
¿Y qué es la infraestructura productiva?
En palabras sencillas, son las obras y herramientas que ayudan al país a producir más y mejores carreteras modernas, puertos eficientes, redes de internet rápidas, parques industriales, sistemas de riego para el campo, centros de investigación.
Es decir, todo aquello que hace que las empresas puedan crecer, contratar más gente y generar riqueza a largo plazo.
En términos de la casa, es el dinero para reparar el techo, cambiar las tuberías viejas, ampliar la cocina o comprar herramientas mejores para trabajar.
Eso, con el tiempo, puede frenar el crecimiento
El gran reto de las habitaciones sin remodelar
Los expertos advierten que en 2027 seguiremos creciendo apenas un 1%, frenados por la incertidumbre de la revisión del T-MEC (el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá), la desaceleración de la economía estadounidense —que es como si el vecino principal, nuestro mejor cliente, estuviera comprando menos— y una inversión interna que no termina de despegar.
El reto de los próximos años no será evitar que la casa se derrumbe, sino encontrar los materiales, los albañiles y el dinero necesario para que, por fin, empiece la remodelación.
Porque cuando los ciudadanos entienden de dónde viene el dinero y hacia dónde va, dejan de ser espectadores que solo miran las paredes y se convierten en constructores que ayudan a levantar el techo, pintar las habitaciones y abrir las ventanas.
Y eso, más que cualquier cifra macroeconómica, es lo que realmente puede transformar una casa en un verdadero hogar.
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