Por: NN. Nieva
En días pasados tuve la oportunidad de asistir a la presentación del proyecto «Alicia en el País de las Verdades», desarrollado por los estudiantes de la escuela secundaria de el Telón – Educación a través del Arte.
En la adolescencia, la mente se convierte en un campo de batalla
Donde las certezas infantiles comienzan a desmoronarse y las verdades absolutas empiezan a cuestionarse.
Bajo esta premisa, el maestro de filosofía Valente Arturo Osornio Franco guió a los jóvenes en un proceso creativo que dio vida a esta obra, transformando el aula en un espacio de reflexión y expresión escénica
Lejos de ser una obra de teatro escolar, este montaje se erige como un laboratorio de pensamiento crítico, donde la técnica, el arte y la filosofía se entrelazan para formar jóvenes conscientes de su entorno.
La Profundidad del Mensaje resulta en un Espejo para la Sociedad
El guion toma la estructura onírica de Lewis Carroll y la despoja del sinsentido infantil para vestirla con un existencialismo social crudo y poético.
En este «País de las Verdades», la mentira no es un juego, sino un mecanismo de supervivencia y de control.
La obra nos regala diálogos que desafían a cualquier adulto, cuanto más a jóvenes que los escriben, debaten y encarnan.
El mensaje es claro, vivimos en un mundo donde los que menos dicen la verdad son los que más abundan
Cuando Alicia, interpretada por la alumna Rocio, afirma que ha «aprendido a remendar verdades como zapatos», nos enfrenta a la fragilidad de la autenticidad en una sociedad que castiga la honestidad.
Y donde el poder representado por una Reina de Corazones papel que interpreto la alumna Xeretzy, grita para no escuchar su propia voz y sentir la soledad, sosteniéndose sobre el miedo a la imaginación.
El Proceso Creativo y Crítico
El verdadero valor de esta puesta en escena radica en su proceso creativo, para que un adolescente pueda transmitir un monólogo con tal fuerza, primero tuvo que investigar y debatir su trasfondo.
Así ocurrió con Frida Stella en su papel de la Carta de Corazones; para expresar que «nadie sospecha que una mentira pesa más que una piedra cuando se escribe con miedo«, la alumna tuvo que reflexionar previamente sobre los conceptos de obediencia ciega y responsabilidad individual.
Este tipo de actividades artísticas rompen la barrera de la teoría donde los estudiantes dejan de ser receptores pasivos de información para convertirse en creadores de significado.
Al analizar por qué el Gusano / Mariposa interpretado por Milan, entiende que «el humo es una mentira que se disuelve con elegancia«, los alumnos están desarrollando un pensamiento analítico y objetivo frente a las «verdades» que los medios, y la sociedad les imponen a diario.
Jóvenes que Encarnan Arquetipos
El elenco demuestra una madurez escénica, fruto de la comprensión profunda de sus textos:
Rocío (Alicia): Sostiene el peso de la obra con una ternura rebelde.
Su transición de una zapatera cansada a una mujer que decide «caminar descalza» antes que tropezar con falsedades es el corazón emocional de la pieza.
Xeretzy (Reina de Corazones): Logra alejarse de la caricatura de la villana unidimensional.
Su monólogo final, donde confiesa que su poder nació de la mentira de sentirse superior y que su trono es un espejo de soledad, es una pieza de actuación muy humana.
Milán, en esta obra asume un doble reto al interpretar a la Vecina (el juicio social, la hipocresía de la moral) y al Gusano / Mariposa (la introspección, la transformación y la búsqueda de la verdad).
Este contraste demuestra la versatilidad y el compromiso del estudiante.
Zoe (Gato Risueño): Aporta el cinismo necesario y la voz de la conciencia.
Su presencia es el ancla filosófica que recuerda al público que la verdad es una «especie en peligro de extinción».
Francisco (Conejo Blanco) y Mateo (Conejito del Té): Representan la ansiedad del tiempo y la absurdidad de las rutinas que nos alejan del «ahora».
Su dinámica en el escenario aporta el alivio cómico necesario sin perder el trasfondo trágico de vivir «llegando tarde a la verdad«.
Omar (Sombrerero Loco) y Frida (Carta de Corazones): Omar nos invita a recuperar la capacidad de jugar, porque solo a través del juego —de la imaginación, del humor, de la irreverencia— podemos seguir siendo libres, cuando dice «Lo único cuerdo es seguir jugando, incluso cuando no tengamos con quién» encapsulando la tragedia de la condición humana.
Mientras que Frida representa el despertar de la burocracia y el coraje de decir «no tengo destinatario«, liberando a la verdad de las cadenas del miedo.

La Luz como Narradora
La filosofía también se ilumina, el manejo técnico de las luces, a cargo del alumno Yanga, es un ejemplo de cómo la técnica debe servir al discurso, Yanga no solo «ilumina el escenario», sino que pinta los estados emocionales y filosóficos de la obra.
Desde la penumbra que esconde y revela la sonrisa del Gato (Zoe), hasta la luz cálida que baña la transformación de la Mariposa (Milán), pasando por el foco cenital que aísla a la Reina(Xeretzy) en su soledad, el diseño de iluminación demuestra que el alumno ha comprendido que la luz, al igual que la verdad en el guion, a veces debe cegar, a veces debe ocultar, y en ocasiones revelar.
Alicia en el País de las Verdades
Esta propuesta escénica, es una demostración de que la educación artística y humanística no es un «adorno» en el currículo escolar, sino la herramienta más potente para formar ciudadanos críticos.
A través del Maestro Valente y el talento de Rocío, Frida, Xeretzy, Zoe, Francisco, Milán, Omar, Mateo, y Yanga, el Telón – Educación a través del Arte nos recuerda que el pensamiento crítico nace cuando nos atrevemos a cuestionar los relojes que nos marcan el miedo y los zapatos que nos obligan a caminar por senderos torcidos.
En un mundo que exige mentiras cómodas, estos jóvenes estudiantes nos dejan una lección objetiva y vital: En el país de las verdades, solo se pierde quien deja de imaginar.
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