Por: NN Nieva
Estudiantes de secundaria y preparatoria de Telón Centro Pedagógico transformaron la investigación sobre el Mictlán en una experiencia escénica en la que teatro, danza, música, fotografía y artes plásticas llevaron al público de la muerte simbólica a una nueva oportunidad de mirar la vida.
Pasos por el Mictlán parte de una pregunta que va más allá de conocer una antigua concepción de la muerte: ¿qué ocurre cuando aquello que los estudiantes investigan deja las páginas y las aulas para convertirse en personajes, movimiento, imágenes, sonidos y espacios que otras personas pueden atravesar?
La respuesta se construye durante un recorrido en el que el visitante no permanece como espectador.
Desde su llegada acepta una condición fundamental para entrar en la ficción: ha muerto y se encuentra a las puertas del Mictlán.
A partir de ese momento comienza el viaje.

De las aulas a la comunidad
Pasos por el Mictlán muestra la importancia de la vinculación entre Revista TUK y Telón Centro Pedagógico al crear un puente para que los procesos educativos y artísticos desarrollados por los jóvenes salgan de las aulas y encuentren un espacio en la comunidad.
Telón integra la educación secundaria y preparatoria con diferentes disciplinas artísticas.
Revista TUK, desde la comunicación y la difusión cultural, contribuye a que estos procesos puedan ser conocidos fuera del espacio escolar.
El resultado visible de un proceso educativo
Detrás de los personajes, la iluminación, la música, las imágenes y los diferentes ambientes que conforman la puesta existe un proceso previo.
Hay investigación, creación, ensayos, decisiones colectivas y acompañamiento docente.
Por eso, lo que finalmente encuentra el público no es únicamente una representación sobre el Mictlán.
Entrar al Mictlán
Una de las decisiones más interesantes de la propuesta aparece desde el inicio, donde los visitantes son presentados como muertos recién llegados al Mictlán y los xoloitzcuintles aparecen como sus primeros guías.
Con ellos comienza un trayecto inspirado en el viaje que, dentro de la cosmovisión mexica, debían realizar las almas a través de las regiones del mundo de los muertos.
La puesta no pretende reconstruir literalmente, una por una, todas las regiones asociadas con ese recorrido.
Estudiantes y docentes realizan una reinterpretación escénica y reúnen en determinados espacios elementos procedentes de diferentes pasajes.
La investigación deja de ser el punto final de un ejercicio académico y se convierte en el inicio de un proceso creativo.
Así, el trabajo académico y el artístico terminan encontrándose.

Cuando el público forma parte de la obra
La participación de los visitantes cambia la relación habitual entre quien representa y quien observa.
Aquí no existe una butaca desde la que pueda contemplarse todo a distancia.
El público camina.
Sigue a los personajes, escucha, espera y continúa hacia una nueva estación sin saber exactamente qué encontrará.
Esa incertidumbre es importante porque permite que el visitante deje de considerar el Mictlán como algo situado frente a él.
Durante unos minutos se convierte en parte de ese espacio imaginado.


La oscuridad, la iluminación, los personajes, la cercanía física, los sonidos y el movimiento construyen una percepción diferente a la de una representación convencional.
El cuerpo del visitante también participa.
Cada nuevo espacio mantiene viva la ficción y obliga a continuar.
Las referencias a las distintas dificultades del Mictlán funcionan entonces como un hilo conductor.

El espectador descubre elementos relacionados con el cruce de las aguas, las montañas, la obsidiana, los vientos y el tránsito hacia el mundo de los muertos, pero la obra evita transformar el recorrido en una explicación académica.
Ese equilibrio resulta importante.
La investigación está presente, aunque aparece reinterpretada mediante recursos escénicos.
Detrás de una imagen existe una referencia estudiada.
Detrás de un personaje existe un proceso de construcción.
Así, el conocimiento permanece dentro de la puesta sin necesidad de convertirse constantemente en explicación.



Una oportunidad para volver a vivir
La última parte permite comprender mejor por qué el recorrido comenzó convirtiendo simbólicamente al público en muerto.
Después de transitar por un camino marcado por la muerte, el recuerdo y el olvido, los visitantes participan en un ritual de renacer.
Dentro de la propuesta artística de Telón reciben simbólicamente una nueva oportunidad para volver a vivir.
Ese momento modifica la lectura de todo lo anterior.
La muerte deja de ser únicamente el tema de la representación y comienza a funcionar como un punto desde el cual observar la vida.
Durante el recorrido, el visitante había aceptado una ficción: estaba muerto.
Había caminado siguiendo a los xoloitzcuintles, atravesado distintos espacios y avanzado por un territorio construido por los estudiantes.
Ahora la ficción le permite realizar el movimiento contrario.
Volver.

Después de atravesar simbólicamente la muerte, la posibilidad de regresar permite contemplarlas desde otro lugar.
Atravesar para volver
Al final, el público sale del Mictlán y vuelve a la vida.
Afuera siguen esperando las mismas personas, las mismas conversaciones y esos pequeños momentos de todos los días que con frecuencia pasan inadvertidos.
Nada ha cambiado y, sin embargo, después del recorrido puede mirarse de otra manera.
Porque volver también significa descubrir que lo cotidiano nunca fue tan pequeño como parecía.
