En el puerto de Veracruz nació Fernando Soto García, un creador que encontró en el teatro y la educación el cruce perfecto para su camino.
Actor formado en la Universidad Veracruzana y pedagogo por convicción, su trayectoria se ha nutrido de experiencias que lo llevaron a descubrir que el teatro no es únicamente espectáculo, sino un espacio para movilizar el pensamiento y el cuerpo hacia la creación.
“A lo largo de todas las experiencias que he vivido dentro de este gran universo del teatro una de las conclusiones a las que he llegado es la importancia de generar espacios para estimular el pensamiento y el cuerpo hacia la creación”, afirma.
Su entusiasmo por trabajar con niños y adolescentes lo condujo a diseñar una metodología propia que llama Teatro Pequeño.
Director de El Telón Educando a través del arte, un centro de formación disciplinar pedagógico con énfasis en las artes
Desde ahí guía y acompaña el proceso educativo a través de disciplinas como artes plásticas, música, teatro, fotografía y danza, integrando así la formación del nivel secundaria y preparatoria.
Esta propuesta entiende el juego escénico como una herramienta vital para construir personalidades creativas y comunidades de aprendizaje.
Fernando Soto habla con la naturalidad de quien ha convertido su vocación en una forma de vida.
Reflexiona, investiga y crea, convencido de que cada sesión teatral puede convertirse en una experiencia significativa que acompañe a la infancia y adolescencia en su crecimiento.
La semilla de Teatro Pequeño nació en los talleres que impartió a niños de preescolar
“Mis maestros fueron ellos. Me enseñaron que el teatro no es repetir un texto, sino movilizar cuerpo y pensamiento hacia la acción creativa”, expresó.
Con esa frase abre un universo donde el juego es el motor y la comunidad, el escenario.
Fernando recuerda que al inicio se enfrentó a dificultades para comunicarse con los niños y se preguntaba cómo disponer de su espacio y tiempo para que lo que vivieran fuera fundamental para su crecimiento.
La respuesta la encontró en dos claves: movilizar el cuerpo y el pensamiento hacia la acción creativa y reconocer la importancia de trabajar en comunidad.
En la charla, su análisis de la enseñanza tradicional se hace notar
Identificando tres enfoques que han marcado la práctica escolar, como lo son el teatro como espectáculo, centrado en lo vistoso y en el público; el teatro como recurso didáctico, usado para transmitir información de otras materias; y el teatro laboratorio, el enfoque que defiende, donde el error es motor de aprendizaje y la comunidad es espacio de creación.
“Teatro laboratorio pone a la infancia y adolescencia en el centro del juego teatral, valorando la creación y el compartir ideas en comunidad”, explica.
La conversación fluye hacia la descripción de una sesión de Teatro Pequeño.
Fernando habla de tres momentos, que son los juegos preescénicos, que disponen cuerpo y pensamiento en sintonía con la creación; la complicación de acción, que enseña que el teatro es contar historias donde los objetivos se complican; y el teatro compartido, donde inventan historias en colectivo.
“El juego es la base para aprender pues al jugar, además de divertirnos, descubrimos el placer por simbolizar, explorar, imaginar, compartir ideas”, asegura.

La metodología se adapta a cada edad
Con niños de tres años explora fenómenos naturales como lluvia, viento o sol, traducidos en movimiento, a los cuatro años, voces y corporalidades de animales, a los cinco y seis, roles de oficios como bombero, cartero o chef.
“Cada personaje tiene un propósito y no siempre lo logra. Esa es la semilla del drama”, comenta.
El canto ocupa un lugar especial en su propuesta
Fernando recuerda su primera clase en preescolar y confiesa: “No pude comunicarme con los niños hasta que les di una indicación cantada. Me escucharon. Desde entonces invento juegos cantados para motivar a imaginar y actuar.”
El canto y la música se convirtieron en estructura de su metodología, un refugio seguro para explorar emociones complejas.
Para guiar la negociación de roles y resolver conflictos narrativos, organiza a los niños en comunidades roja, amarilla y azul.
“Esto les brinda experiencias de armonía y los identifica como parte importante de una colectividad”, señala.
El resultado es un aprendizaje integral: respeto, escucha, diálogo y cooperación
Más allá del escenario, los cambios son palpables los cuales son, mayor autoconocimiento, habilidades sociales fortalecidas, comunicación más fluida y creatividad expandida.
“Trabajar teatro en el aula desde el enfoque de Teatro Laboratorio es que permite situar en el centro del fenómeno teatral a la infancia, la adolescencia”, reflexiona.
“El teatro es crecer creando, enseñar desde el juego genera experiencias que se quedan en la historia de vida de cada alumno.”
En un país donde las artes suelen ser las primeras en recortarse, Teatro Pequeño representa la posibilidad de promover en el aula el juego del teatro y sumar aprendizajes para la vida.

Fernando Soto diseñó tres guías para el juego del teatro en preescolar, apoyadas por la Secretaría de Cultura
Su objetivo es que los docentes puedan dirigir una sesión de teatro usando el propio salón de clases, sin necesidad de infraestructura especial.
El siguiente paso es difundir los libros en escuelas preescolares para impulsar el juego teatral en el aula.
“Quiero que los maestros, incluso sin formación teatral, puedan usar este material didáctico paso a paso”, explica.
La plática se cierra con un mensaje a padres y docentes
“Es importante dejar salir a jugar al niño que fuimos. Enseñar desde el juego genera ambientes idóneos para experiencias que suman conocimiento. Si vemos a un niño que disfruta hacer teatro es porque frente a él tiene a una persona que disfruta jugar, imaginar, crear, enseñar y vivir.”
Fernando Soto García
Así, la conversación con Revista Tuk se convierte en manifiesto
Teatro Pequeño, el arte de jugar en serio es más que una metodología, es una invitación a recuperar el juego como herramienta vital de desarrollo.
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