Carlos Roberto Santiago Gerónimo | Revista Tuk
Quizás nunca se hayan preguntado sobre la forma en que medimos las cosas, a lo mucho, solo sentimos extrañeza cuando escuchamos medidas ajenas a nosotros los mexicanos como las yardas, pies, pulgadas, onza, millas, libras, etc., propio del sistema imperial de medida de Reino Unido, Estados Unidos y otros países. Pero entonces, ¿por qué en México usamos el metro como sistema de medida de las cosas? Para ello hay que entender varias factores. Esta es una historia reciente, y por reciente me refiero a los años posteriores de cuando México se independizó de España.
Probablemente aún hayas escuchado que los abuelos, o en los pueblos, usaran el cuartillo para medir granos como el maíz, este era una cajita de madera que servía para despachar precisamente este tipo de granos secos, pero el problema es que no tenía una medida estandarizada por lo que podía variar en diferentes partes del país. Durante la época colonial, por ejemplo, las distancias se medían por medio de leguas y varas, que además variaban si eran castellanas o aragonesas. Esto generó muchos conflictos en las mediciones de tierras y sus delimitaciones. Pero todo cambiaría en el siglo XIX.
Fue en 1857 cuando por medio de un decreto de Ignacio Comonfort, entonces presidente de la República Mexicana, se oficializó el uso de las nuevas medidas para las transacciones comerciales:
Art.1.- Se adopta en la República el sistema métrico decimal francés, sin otras modificaciones que las que exigen las circunstancias particulares del país…
El Sistema Métrico Decimal surgió en Francia alrededor de 1791 e insaturado en 1799. Su objetivo fue el de homologar las cantidades en las transacciones comerciales nacionales y en el incipiente mercado internacional. En la Francia de Luis XVI hubo descontento entre las personas por la variedad de formas de medidas tanto de longitud, como de pesas, porque los señores que pagaban los granos se aprovechaban de los campesinos que acudían a ellos para vender sus productos. Esto incitó que en el contexto de la Revolución Francesa la unificación de las medidas fuera un signo de igualdad. Por ello, según la historiadora Estefanía de Mirandés, fue “el 26 de marzo del 1791 nacía así el metro, con una longitud definida como el diez millonésimo del cuarto del meridiano terrestre”.
En México se vio con buenos ojos este sistema ya que estaba basado en algo objetivo, es decir, la diez millonésima parte del cuarto del meridiano de la tierra, un dato que para ese siglo ya se tenía con mucha certeza. Pero además, la adopción de este modelo en México también respondió en parte a la ideología imperante en el momento, el liberalismo político que tenía en la Revolución Francesa a su máxima expresión.
En México, nos explica Héctor Vera, también existía un caos entre las disparidades que generaba la variedad de unidades de medidas como el huacal, el chiquihuite, la milla, la vara, la onza, la fanega, el almud y la arroba. Por lo que la introducción del nuevo sistema fue paulatino, pues el decreto de 1857 se especificaba en el artículo 3° que en ese momento solo sería obligatorio únicamente para “actos oficiales y en todos los ramos que dependan directamente del gobierno”. Para que se fuera difundiendo el modelo, se creó la Dirección General de Pesos y Medidas de la República, que tendría como encargo crear unas tablas de equivalencias entre las medias antiguas y las del Métrico. Lo que pretendían era difundir e infundir el uso de las medidas nuevas en la República; así como vigilar el cumplimiento en el uso de tales medidas.
Para el año de 1862 el Sistema Métrico se aplicaría de forma oficial y obligatoria en todo el país para el comercio, laboratorios y talleres. Además, se establecía una serie de medidas que coadyubaran a la implementación, por ejemplo, multas y penas para quienes después de ese año mantuvieran el uso de otras medidas. Claro que cuando los mexicanos ya estaban habituados a medir con sistemas vernáculos, unificarlos en un sistemas que venía del extranjero presentaría sus resistencias (sobre todo entre comerciantes).
Por eso, las autoridades se concentraron en las escuelas para enseñar desde niños el nuevo modelo de medición durante el Porfiriato. Se crearon tablas de equivalencias, libros e instrumentos de medición de madera para repartirlos entre las escuelas. De hecho, hasta la década de 1930 aún podemos encontrar manuales de conversión de medidas vernáculas al Métrico Decimal francés.


