En Chiapas, Oaxaca y Veracruz hay familias que llevan tres generaciones recibiendo apoyos del gobierno y siguen en pobreza. No es porque no quieran salir. Es porque el sistema no está diseñado para que salgan, y esa diferencia importa más de lo que parece.
Hablar de pobreza intergeneracional suena técnico, pero la idea es sencilla: cuando una familia nace en pobreza y sus hijos también crecen en pobreza, y luego los hijos de esos hijos repiten el mismo camino, ya no estamos hablando de mala suerte ni de falta de esfuerzo. Estamos hablando de un patrón que se repite porque las condiciones que lo generan no cambian
Los números
En agosto de 2025, el INEGI publicó la medición más reciente de pobreza multidimensional en México, con datos de 2024. Los resultados confirman lo que muchos ya vivían: Chiapas tiene al 66% de su población en situación de pobreza, Oaxaca al 51.6% y Veracruz al 44.5%. Los tres estados siguen entre los cinco con los peores indicadores del país.
Según el Inegi, desde 2016, los tres primeros lugares en pobreza multidimensional han sido ocupados por los mismos estados, sin excepción. Eso no es una coincidencia ni una mala racha. Es una estructura que al parecer, se está perpetuando.
Eso no significa que los programas sociales no sirvan. Significa que solos no son suficientes. Un apoyo económico mensual ayuda a llegar a fin de mes, pero no cambia si hay una buena escuela cerca, si el centro de salud tiene médico, o si existe algún empleo formal en la comunidad. Cuando esas piezas faltan, el apoyo económico sostiene, pero no cambia las cosas de manera radical.
El lugar donde naces decide mucho
El Colegio de México lleva años investigando la movilidad social en el país: qué tan probable es que alguien mejore su nivel de vida respecto al de sus padres. Sus estudios muestran que en el sur-sureste esa probabilidad es de las más bajas del país.
No es lo mismo nacer en una ciudad con empleo formal, hospitales equipados y escuelas con maestros suficientes, que nacer en una comunidad rural donde la única salida visible es migrar. En muchas localidades de Oaxaca, Chiapas y Veracruz, los jóvenes enfrentan esa disyuntiva desde muy temprano: irse o quedarse sin muchas opciones. Y los que se quedan, con frecuencia, repiten las condiciones de vida de sus padres.
La ENIGH 2024 —Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del INEGI— documenta cómo los hogares del sur-sureste tienen ingresos promedio significativamente menores que los del resto del país, y cómo una parte importante de ese ingreso proviene de transferencias gubernamentales, no de salarios formales. Eso habla de economías locales que no generan suficiente empleo de calidad.
Un dato que resume bien la brecha: la medición del INEGI 2024 muestra que las personas hablantes de lengua indígena tienen una tasa de pobreza del 66.3%, frente al 26.7% de quienes no la hablan. En los estados del sur-sureste, esa población es proporcionalmente mucho mayor que en el resto del país.
Por qué es tan difícil romper el ciclo
La pobreza intergeneracional se sostiene porque varias carencias ocurren al mismo tiempo y se refuerzan entre sí. Un niño que crece con mala alimentación tiene más dificultades para aprender. Si la escuela además tiene pocos recursos, el rezago se profundiza. Si al terminar la secundaria no hay preparatoria cerca o el dinero no alcanza para seguir estudiando… todo camina peor.
Los datos de 2024 lo confirman: Chiapas, Oaxaca y Veracruz encabezan también el rezago educativo a nivel nacional, con más de 1.9 millones de personas en esta situación en cada estado.
A eso se suma el acceso a la salud. A nivel nacional, 44.5 millones de personas presentaron carencia en este rubro en 2024. Una enfermedad grave en una familia sin seguridad social puede significar perder los ahorros de años, endeudarse o simplemente no atenderse. Las tres opciones tienen consecuencias que se cargan durante mucho tiempo.
Lo que sí se puede hacer
Hay experiencias documentadas, tanto en México como en otros países de América Latina, que muestran que el ciclo sí se puede interrumpir. Lo que funciona no es una sola política, sino varias al mismo tiempo: educación de calidad accesible, salud preventiva, empleo formal en las regiones y vivienda digna. Cuando esas condiciones coinciden, las familias tienen más herramientas reales para cambiar su situación.
El punto de partida es reconocer que el problema existe y que está documentado. Lo que se mide, se puede atender. Y lo que se nombra con claridad, se puede exigir.
Fuentes:
INEGI — Pobreza Multidimensional 2024, Comunicado de Prensa 118/25 (13 de agosto de 2025): inegi.org.mx
INEGI — Reporte de Resultados de la Medición de Pobreza Multidimensional 2024: inegi.org.mx
El Colegio de México — Informe de Movilidad Social en México: colmex.mx
INEGI — Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024: inegi.org.mx
Te puede interesar:
