Mictlán, el inframundo de los mexicas

por Redaccion@revistatuk
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Mictlán, el inframundo de los mexicas.

La leyenda del Mictlán es una de las historias más fascinantes dentro de la cosmogonía mexicana, donde podemos conocer de cerca el maravilloso mundo de los muertos, quienes llegan hasta ese destino, tras cruzar una serie de espacios y pruebas donde el alma del difunto será desafiada.

Un maravilloso modo de ver la muerte al que podemos acercarnos al conocer este relato. 

La leyenda de Mictlán

La palabra Mictlán significa “lugar de los muertos», un sitio al que nuestros antepasados creían que llegaban las almas de las personas fallecidas, un sitio respetado y venerado por los habitantes de la cultura mexica, quienes adoraban a la muerte y le rendían una especie de culto para que sus seres queridos fueran vengados, con lo que lograrían alcanzar el descanso eterno. 

En el Códice Florentino, se dice que en este lugar está un espacio en el inframundo al que llegaban todas las almas, pero se sabe que estaba dividido en nueve niveles y cada uno de ellos correspondía a las formas en que nuestros seres amados fallecieron.

Los mexicas decían que aquel recinto espiritual estaba custodiado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. 

Ambas deidades eran los dioses de este mundo y la regla que tenían para que las almas ingresaran en este lugar, era que debían pasar algunas pruebas u obstáculos para ganarse su lugar en el Mictlán y alcanzar el anhelado “descanso eterno”.

Los 9 niveles para lograr el descanso eterno

Diferentes leyendas, representaciones visuales y códices antiguos definen al Mictlán como un lugar desconocido, peligroso y oscuro, el cual tiene nueve niveles relacionados con la putrefacción, lo fétido, lo frío, lo húmedo, lo acuoso, la oscuridad y la noche.

La casa del Xoloitzcuintle y el dios del ocaso es la primera residencia, pero no todos los muertos pueden cruzarla, ya que la leyenda dice que algunos lomitos ayudan a las almas a pasar esta prueba, pero no todos son dignos de hacerlo, pues las personas que en vida maltrataron a los perritos, no podrán pasar de aquí y se quedarán deambulando por siempre.

El siguiente nivel cuenta con dos enormes cerros, que al chocar se abren y cierran de forma continua, en el que los muertos deberán encontrar el momento exacto para poder pasar sin ser aplastados.

En el tercer nivel encontrarás a Itztlacoliuhqui, dios de la obsidiana y señor del castigo, donde se localiza una muralla con un sendero de obsidiana que desgarra a las almas que intentan cruzarlo.

Al final del recorrido, corre un viento poderoso, que tiene como objetivo, que los muertos arrojen todas sus pertenencias.

El cuarto nivel es un área completamente congelada que cuenta con ocho collados de piedras cortantes donde en todo momento cae nieve, un lugar habitado por el dios Mictlecayotl, deidad del viento del norte, quien también habita el quinto nivel, donde se encuentra una zona completamente desierta.

En el sexto espacio se localiza un sendero donde se lanzan saetas o flechas que golpean a los muertos y el reto consiste en salir de ahí sin ser flechado, para no derramar sangre en el resto del camino.

E séptimo nivel es morada del dios de las montañas, los ecos y los jaguares, Tepeyólotl, donde habitan fieras salvajes que se comen el pecho de los muertos, donde el reto es luchar contra el gran jaguar con sed de comer algún corazón.

Antes del final, se deberá cruzar por el octavo nivel, donde hay aguas negras esperando a los muertos, quienes deberán luchar contra ellas y dejar todas sus penas para poder lograr avanzar y salir de ahí, para encontrarse con el nivel final, donde su alma descansará eternamente, lejos de penas, sin cargas que los impidan regresar nuevamente a penar en el mundo de los vivos.

La muerte para los Mexicas

Los expertos señalan que el inframundo de los mexicas se ubicaba en el norte, pero también en el centro y debajo de la Tierra. En la cosmovisión mexica, la Tierra era considerada como un ser que devoraba la carne de los difuntos.

A la hora de morir, los mexicas pensaban que estaban saldando su deuda con la Tierra, ya que al morir, le daban continuad al ciclo del universo.

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