Hambre la novela de un escritor fascista que debes leer

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Hambre, la novela de un escritor fascista que debes leer

Por Alejandro Cernuda

Hambre es una novela escrita por el autor noruego Knut Hamsun -Premio Nobel 1920-, en el año 1890. Antes de esa fecha, en 1888, publicó, de manera anónima, algunos fragmentos en la revista Ny Jord, concretamente en su segunda tirada, pues este diario radical y danés sólo tuvo tres salidas.

Es una novel autobiográfica, dicen, casi una confesión de esa lucha temprana entre el deseo de escribir y el entorno poco favorable de la ciudad de Christianía -nombre que tuvo Oslo desde 1624 y con algunas variaciones hasta 1925-, deshumanizante, dicen, en el que habitaba ese personaje sin nombre.

Knut Hamsun es un autor difícil a la hora de estudiar sus antecedentes. Hambre, su primera novela es la más famosa, como si el autor renegara de la experiencia necesaria. Nació en el campo, se educó a sí mismo. Su obra entera parece tener la misma madurez. Durante un periodo pareció imitar a otros y, en cambio, al final de sus años volvió a ser el de antes y su última novela «El círculo se ha cerrado» parece tan grande como la primera.

Hay muchos tipos de hambre relatados en la novela. Tal vez el lector crea que no hay nada más probatorio del título que ver a su joven protagonista encontrar el gozo para la tripa al engullir alguna viruta de madera o intentar vender sus propias gafas para comprar pan. El hambre ha sido por mucho tiempo una epidemia universal. Nos amenaza a ciertas horas. Se esconde y solapa en lejanos países donde muere gente por eso; pero no en la Christianía que nos describe el autor. Allí no se muere nadie y nuestro personaje, por no destacar, tampoco es el primero en hacerlo. Él tiene hambre, pero un par de veces en la novela rechaza el dinero o la comida.

¿Tiene hambre de escribir? Sí, un poco tal vez. Lo cierto es que el personaje en sus delirios padece de las ínfulas y la vanidad, pero sus ganas de escribir tienen, casi siempre una razón más sincera: tiene necesidades corporales y no sabe hacer otra cosa. Su espíritu disipado por la circunstancia se aferra, no al oficio de escritor, sino a una conciencia que lo hace parecer loco, quijotesco, y a la vez le impide ser un mendigo común y corriente. La mendicidad es una categoría fuera de su alcance; así, se es pobre, pero no del todo.

A ese filo entre la conciencia y la locura nos remite Knut Hamsun con la minimalista historia de su personaje anónimo. Y como lo que no tiene nombre no se puede nombrar, al término de la novela nos encontramos una sombra en nuestra memoria. Algo que nos dice, de una manera sensorial, que tal vez se pueda intentar la proeza de no renunciar a otras cosas tras haber intentado vender los botones de nuestra chaqueta.

Hambre es una novela que se ha crecido con el tiempo a medida que otros autores –Charles Bukowski, John Fante, Louis Ferdinand Céline-, famosos hoy, la fueron catalogando como objeto de culto o padre directo de sus creaciones. Hambre dio lugar a la generación beat y otros escollos de la literatura moderna norteamericana. Su personaje, casi émulo de los de Dostoievski posee una psicología complicada que vemos sobre el fondo simple de la vida tranquila de ciudad. Su filosofía también es tranquila, subjetiva, no hay grandes exposiciones ni profundas reflexiones.

En eso se aleja Knut Hamsun de Dostoievski. Su personaje no se cuestiona el orden del mundo ni la religión. Podríamos explicarlos con su locura, siempre latente. Tanto la del escritor como el personaje.

No caben en estas líneas la descripción psicológica de Hamsun, uno de los mejores escritores del mundo y también uno de los más complejos; habitante de sanatorios en sus últimos años.

De él hablaron bien casi todos los que, independiente a sus ideas políticas, raciales e incluso genocidas, no pudieron escapar de su influjo. Thomas Mann dijo que nunca se había entregado un Nobel de literatura más acertado que el de Hamsun, aún cuando este escritor noruego sólo veía en Europa un líder supremo, un tal Adolf Hitler, enemigo jurado del citado Thomas Mann.

Gorki lo consideró su maestro, el mismo Gorki -el tío Máximo- adorado por los rusos, a quien Hamsun odiaba.

Isaac Bashevis Singer (también premio Nobel de Literatura) lo llamó el Padre de la literatura moderna.

Knut Hamsun y Adolf Hitler

Se conocieron en 1943. Cuentan que Knut Hamsun envió como regalo su medalla del Premio Nobel a Goebbels, a cambio de que éste le consiguiera una entrevista con Hitler. Así fue. La conversación, por otra parte, no fue tan afortunada y el escritor, pese a su admiración por el Führer no pudo hacer otra que llenarle de exigencias y peticiones, como al de sustituir al Comisario del Reich en Noruega, Josef Terboven, cosa que Hitler no hizo. Dicen que Hitler tuvo un enfado de tres días, del que no tuvo noticias Knut Hamsun, que para esa época ya estaba casi sordo.

Una semana después de la muerte de Adolf Hitler el escritor noruego escribió estas palabras que por mucho tiempo emularon y echaron por tierra sus verdaderas obras.

No soy digno de hablar en nombre de Adolf Hitler, y a cualquier despertar sentimental que su vida y sus hechos no inviten.

Hitler fue un guerrero, un guerrero para la humanidad y un predicador del evangelio de la justicia para todas las naciones. Era un personaje reformador del más alto orden, y su destino histórico fue que funcionó en un momento de ejemplo menos brutalidad [inigualable], que al final le falló.

De este modo, el común europeo occidental puede mirar a Adolf Hitler. Y nosotros, sus seguidores cercanos, inclinamos nuestras cabezas ante su muerte.

Cierto es que el apoyo al nazismo de parte del escritor tuvo más de ignorancia y de odio mayor hacia la cultura sajona y a los rusos. Así lo venía expresando mucho antes de que en Europa hubiera una noción clara de fascismo.

Que hoy no se lea a Hamsun como es debido es uno de los daños colaterales de las dos guerras mundiales. Pero quienes piensen en el bien y la belleza de este mundo, deben darse la oportunidad de leer su obra. A eso ayuda el tiempo, quien se ha encargado gradualmente de darle un nuevo aire a sus novelas.

Había conocido el hambre y los aplausos. Amigo de la soledad, gustaba de encerrarse en su cabaña, donde su mujer tenía prohibida la entrada. Conoció la fama y la idolatría de quienes hoy consideramos los grandes de la literatura moderna; pero también conoció el odio y tuvo noticias de que sus obras se quemaban en piras. Knut Hamsun murió el 19 de febrero de 1952, a los 92 años -a una edad envidiable-, en Grimstad. Sus cenizas están enterradas en el jardín de su casa en Nørholm.

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